Hace
poco finalicé un curso de
ortología (oratoria), y para la actividad final, los participantes debíamos dar
un breve discurso frente al grupo, el profesor e invitados especiales, para
poner en práctica, por supuesto, todo lo que aprendimos en dicho curso. Para la
sorpresa de la mayoría de los cursantes, en esta última actividad también
contamos con la presencia de un jurado, así como la organización de un concurso
entre los cursistas para escoger al mejor orador y el mejor tema de discurso.
Eran diversos los elementos a evaluar, tales como la dicción, el dominio de
público, la fluidez, la presentación personal, el dominio de escena, las
posturas, etcétera. En particular tuvimos la dicha de contar con la presencia
de la Sra. Edna de Vallenilla, la fundadora de la biblioteca de El Tigre (en
donde se estaba realizando el evento).
Luego de que se dieran todos los discursos
se realizó la entrega de premios y para mi sorpresa, tuve la dicha de ganar
tanto el premio a mejor orador y el premio a mejor tema. Al día siguiente subí
la foto de los certificados a mi Facebook para expresar mi alegría y
compartirla, muchos se alegraron conmigo y una petición bastante repetida fue
la de transcribir mi discurso, prometí hacerlo y bueno, lo prometido es deuda
(valga la redundancia), así que espero que sea de su agrado.
Buenas noches, por la brevedad de mi discurso quisiera que antes realizáramos
un pequeño ejercicio para entrar en contexto, así que les pediré la mayor de
sus colaboraciones… ¿está bien?... bien, les voy a pedir a todos que por favor
cierren sus ojos… muy bien, hagamos un viaje en el tiempo, transportémonos al
pasado, a la tierna infancia, tenemos entre 5 y 6 años, en este momento somos
niños… ¿bien?, ahora les voy a hacer una pregunta y la responderán para ustedes
mismos: ¿Qué quieren ser
cuando sean grandes?... muy bien, ahora
viajemos nuevamente en el tiempo, un poco más adelante, a la terrible y rebelde
adolescencia, entre 12 y 15 años, les volveré a hacer la misma pregunta: ¿Qué
quieren ser cuando sean grandes?... ahora
viajemos al presente, a la edad que tenemos actualmente… 35 años cuando mucho
el profesor Sandy Tucci (risas), les
haré nuevamente la misma pregunta: ¿Qué quieren ser cuando sean grandes?
Ya
pueden abrir los ojos, y luego de este pequeño ejercicio retrospectivo les haré
otra pregunta, ¿el niño que alguna vez fueron, se sentiría orgulloso de lo que
son ahora?... el nombre de mi discurso es: La importancia de los sueños.
Suena la alarma, nos
levantamos, nos alistamos y salimos a la calle a enfrentarnos a esa suerte de
vida que hacemos llamar rutina. Estudiamos, trabajamos, socializamos y
finalmente llega el momento de entregarnos nuevamente a los brazos de Morfeo; y
casi con seguridad, soñamos durante esas horas con algo sorprendente, increíble
y muy vívido, siempre es así, aunque no lo recordemos, eso de cuando decimos: “no
soñé nada”.
Pero cuando no tenemos un sueño
placentero, es porque seguramente nos encontramos en presencia de una
pesadilla, pues cosas horribles suceden en ese mundo extrasensorial, pero
despertamos y nos aliviamos al ver que todo está en orden… bueno, al menos eso
creemos, y es en este punto, en que debemos preguntarnos dos cosas: 1) ¿Cuál es
mi sueño?, y 2) ¿Qué estoy haciendo para lograrlo?
Es importante soñar y es necesario luchar
por los sueños; si pensamos un poco, podemos darnos cuenta de que una vida sin
sueños es una horrible y terrible pesadilla, que si bien no es de esas en las
que nos asustamos y gritamos, es, casi con seguridad, de esas que hacen llorar
a nuestra alma; el estar atrapados en la rutina, en la monotonía diaria, no
hacen más que cegar la libertad de nuestro espíritu; sí, tenemos
responsabilidades y compromisos, pero ¿y qué con eso?, ¿de qué nos sirven si no
nos hacen felices?
Muchas veces los sueños parecen utopías,
se ven lejanos, imposibles y eso no tiene nada de malo, como dice Eduardo
Galeano: “… la utopía está allí, en el
horizonte, caminas diez pasos y ella se aleja diez pasos, y mientras más
caminas, más se aleja… pero para eso sirve, para caminar…”. Ahora, la
diferencia entre la utopía y el sueño, es que al sueño sí lo puedes alcanzar,
sino ¿por qué se sentirían tan reales cuando dormimos?; tanto que a veces ni
siquiera podemos diferenciar entre el sueño y la realidad, como dice la última
estrofa del famoso monólogo de Segismundo de la obra La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca:
“…
Yo sueño que estoy aquí,
Destas prisiones cargado,
Y soñé que en otro estado,
Más lisonjero me vi,
¿Qué es la vida?, un frenesí,
¿Qué es la vida?, una ilusión,
Una sombra una ficción
¿Qué es la vida?, un frenesí,
¿Qué es la vida?, una ilusión,
Una sombra una ficción
Y el mayor bien es pequeño
Que toda la vida es sueño
Y los sueños, sueños son.”
Y hay que saber, que los sueños mueren
cuando se cumplen, porque cuando nos toca dormir para siempre, solo viviremos
un sueño eterno, porque los sueños nunca se quedan sin soñador.
Y tengan siempre en cuenta que jamás es
demasiado tarde para soñar, ni siquiera un segundo antes de la muerte, porque
recuerden: cuando no es un sueño, es una pesadilla, por muy sutil que esta sea.
Solo la gente cargada de sueños y deseos
es capaz de lograr cosas realmente grandes.
(Breve pausa, recorre la mirada por el
auditorio, hasta posar mi vista en la señora Edna de Vallenilla)
Tenemos
de ejemplo a la señora Edna, de no tener sueños y deseos, este lugar jamás
habría sido posible… el profesor Sandy Tucci, sin él no habría sido posible la
realización de este curso… y nosotros mismos compañeros, que llegamos hasta acá
y por supuesto, cuántos sueños no tendremos y cuántas cosas no podremos lograr
con estos.
Muchas gracias.
Excelente hermano, muy inspirador. Te felicito!
ResponderEliminarMuy bien, pequeño amigo, muy bien.
ResponderEliminarmuy bien mi querido compañero! simplemente: excelente!
ResponderEliminarPerfecto para los tiempos que vivimos en este siglo XXI. ¡Felicitaciones!
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