martes, 15 de enero de 2013

Sobre las decisiones


   ¿Lo hago?, ¿no lo hago?, ¿valdrá la pena?, ¿qué puedo perder?, ¿qué puedo ganar?, ¿valdrá la pena?, ¿será una pérdida de tiempo?, ¿qué hago?... Todas las preguntas que podríamos hacernos al momento de tomar una decisión, aunque muchas veces no se trata de si lo que debemos decidir es o no lo correcto, sino lo que queremos para nosotros; y lo cierto es, que muchas veces es mejor arriesgarse y no vivir con incertidumbre, por desconocer lo que pudo haber pasado.



            Es normal, al ser joven, el ser arriesgado, no tener miedo de nada, y lanzarnos a los abismos ciegos de la aventura, donde nunca sabemos qué encontraremos con seguridad, si el rechazo o la aceptación; si lo que hacemos lo hacemos bien, obviamente recibiremos el aplauso de nuestros semejantes, aunque tuviéramos que sacrificar algo en ese recorrido, si lo que hacemos lo hacemos mal, solo recibiremos el reproche y el regaño, pero con el tiempo el error simplemente pasará a ser una anécdota de la cual todos se ríen, incluso nosotros mismos.
            Quienes son listos y astutos, suelen arriesgarse, intentar, probar; para no arrepentirse cuando sea demasiado tarde, por no haberlo intentado y no sufrir el terrible “¿Qué habría pasado si…?”, es algo así como mejor vivir con un error a cuestas, que con la incertidumbre de lo que no se vivió, no por no poder, sino por no querer.
            Todo esto es muy lindo, lo que nos enseña es a no detenernos por nada, ni nadie en el mundo; nos enseña que debemos vivir, experimentar, soñar, no dejar de movernos, en fin, existir; ya que con vicios o sin vicios, con cuidados o sin cuidados, con bizarría o sin ella, igual, todos tenemos el estigma de la muerte en nuestro futuro; siempre se dice que la vida es corta y es una sola, como hay quienes creen en que la vida no es una sola, que hay algo más allá, pero lo cierto de todo, es que haya o no algo más allá de la muerta, haya o no otra vida; no lo sabremos y con seguridad, de haber otra vida, no recordaríamos nada de nuestra existencia anterior; sino, recordaríamos lo que hemos vivido en nuestras vidas pasadas ¿no? Pero el punto es, que hagamos lo que hagamos en la vida, sea bueno o malo, a todos nos depara el mismo destino.
            Sin embargo, no por esto vamos a arriesgarnos en todo lo que tengamos en frente, porque si bien la idea es vivir la vida al máximo; debemos vivirla en pos de nuestra alegría y regocijo espiritual, y no me refiero a la religión con esto, sino a todo lo que nos llena en la vida, como lo es el amor, la amistad, el placer por lo que nos gusta, la pasión, el desenfreno; todo esto, claro, respetando a nuestro prójimo, es por eso que si vamos a arriesgarnos, debemos hacerlo de manera inteligente, y preguntarnos primero “¿Qué puedo perder?” y “¿Vale la pena perder eso?”.
            Recuerdo que cuando tenía 12 años, me encontraba en 1er año de bachillerato, tenía mi grupo de amigos, un grupo pequeño, tres chicos (incluyéndome) y una chica, éramos unos nerds, siempre nos sentábamos adelante, nos reuníamos en nuestras casas para jugar nintendo, hacer tarea, comer chucherías, tomar refresco, ver comiquitas, tomar jugo o refresco… *Wow, días felices =’) qué hermoso, qué recuerdos*… en aquel tiempo, me gustaba una chica (llamémosla Rosa), me gustaba desde que estudiábamos 4t0 grado, es decir, desde unos 3 años antes; ella pertenecía a otro grupo, donde habían puras chicas, todas muy lindas, pero buenas estudiantes. Siempre me pareció un grupo impenetrable, no entraba, ni salía nadie de allí; sin embargo noté cómo uno de los nuevos compañeros de clases (llamémosle Frank), después de un lapso, logró infiltrarse en ese grupo.
            Frank, recuerdo, era pésimo estudiante; era un enano patán, arrogante, odioso con todos (aunque tenía buen trato conmigo), sin embargo todo un encanto con las chicas, me hervía la sangre de la envidia al ver cómo Rosa se dejaba abrazar por él, sin ningún problema, cómo ella lo buscaba y le daba besos en los cachetes; y a veces él se daba el lujo de rechazarla, para irse con otras chicas.
            Un buen día me acerqué a él, le hablé y le dije que me gustaba Rosa, y que no sabía cómo acercarme a ella, que me gustaría ser como él, que las muchachas se dejan abrazar por él, le dan besos, lo buscaban, que era todo un galán; y él sin más, me dijo que está bien, que me iba a ayudar porque le caía bien; cuando salimos al receso me pidió que lo siguiera, era una escena, pienso que cómica, él bajito, yo más alto y caminando detrás de él, siguiéndolo como si fuera un jefe o algo por el estilo; veo que nos acercamos al grupo de las chicas lindas, esa fortaleza impenetrable de feminismo adolescente que estaba cerca de cargarse de hormonas alborotadoras… llegamos y él las saludó a todas con beso y abrazo, a pesar de que ya lo había hecho en temprano, antes de entrar al salón de clases; yo aunque estaba allí, mantuve la distancia y simplemente me limité a saludar con la mano, demasiado tímido como para acercarme ellas y darles un beso, y aún más a Rosa. Frank notó mi pena, y todas ellas también, era evidente, así que él dijo: “Muchachas, a Leo le gustaría saludarlas de beso, pero le da pena”; y como si hubiera sido una orden, todas se acercaron a darme un beso en el cachete.
            Fue inesperado, extraño, por completo; no me desagradó, pero tampoco diría que fue mi cosa favorita, por la pena que sentía. Con seguridad puedo decir que fue el receso más extraño de mi vida, primera vez que no lo pasaba con mis amigos, y estaba rodeado de un grupo de personas que definitivamente hablaban de temas de los que poco o ningún conocimiento tenía, no tenía mucho para opinar, mi timidez no ayudaba, además de que sus chistes y comentarios no me causaban gracia, o porque no tenía idea de qué o quienes estaban hablando, o porque simplemente no le veía la gracia.
            Primer intento fallido, Frank luego habló conmigo, me dijo que debo soltarme, hablar, no ser penoso, que sino no lograría que Rosa me hiciera caso. Al regresar al salón, volví a sentarme junto a mis amigos, me sentí cómodo, extrañaba esa sensación de estar en ambiente, poder hablar sin problemas, hablar de lo que me gustaba sin temor a que me vieran raro, sobretodo entender de qué estábamos riéndonos.
            Los días sucesivos se repitió la faena de acercarme con Frank, como un súbdito, al grupo de las chicas en el receso, imitar sus poses, reírme sin entender el chiste y hacerlos creer que también me parecía cómico lo que decían, y dejar a un lado a mis amigos para esto, cosa que les comenzó a pesar, a molestar y que no dudaron de reclamarlo en varias ocasiones. Luego de una semana y media, Frank me habló, me dijo:

-No hemos avanzado nada, no pones de tu parte, es necesario que hagamos unos cambios
-A ver, ¿a qué cambios te refieres?
-Primero debes dejar de ser tan nerd y sentarte adelante, siéntate cerca de mí
-Mmm… bueno… ya veré qué hago
-Y lo otro, tienes que cambiar a esos amigos tuyos
-¿Qué?
-Si, si sigues juntándote con ellos no vas a lograr nada y nada de lo que yo te diga o haga servirá de algo
-No es muy fácil, son mis amigos desde hace años, no podría simplemente dejar de hablarles
-Bueno, si de verdad quieres estar con Rosa, si de verdad quieres levantártela y que sea tu novia, debes comenzar dejando a esos amigos tuyos. Tú no estás tan mal, cuando quieres ser genial, eres genial, pero ellos no

            Este grupo de trabajo lo era desde el año anterior, Rosa me gustaba desde mucho antes; ella de verdad me gustaba, me encantaba, era ese amor ciego de niños, soñaba con tomarla de la mano, abrazarla, besarla, tantas cosas. Pero con mis amigos compartía tantas cosas y la pasaba bien, no dejaba de ser yo para agradarles. Pero estaba el dilema, Rosa o mis amigos, arriesgarme o no.

-Te dejaré hoy para que lo pienses, y mañana me dices qué decidiste –me dijo Frank

            Pasé el día entero pensando, me ilusioné, cómo serían las cosas si estuviera con Rosa, cómo sería si fuéramos novios, qué haríamos, a donde saldríamos, de qué hablaríamos, qué haríamos en el liceo, me hice todo un mundo en la mente sobre nosotros dos… al final del día mi elección era irrefutable, ya estaba decidido y nada me haría cambiar de opinión.
            Al día siguiente Frank se me acerca y me pregunta:

-Entonces, ¿qué decidiste?
-Déjame este rato para estar con mis amigos y en el receso sabrás mi decisión, –le dije -¿te parece?
-Si, perfecto

            Lo cierto de todo es que cuando se toma la decisión de si arriesgar o no, se debe tomar en cuenta si lo que se puede perder, valdrá la pena perderlo, o no tanto si valdrá la pena perderlo, sino qué es eso por lo que perderás lo que tienes, si de verdad lo vale; lo cierto de esa experiencia, y lo que mejor recuerdo es que pasé el resto del año escolar haciendo tarea, jugando nintendo, tomando refresco y jugo, comiendo galletitas, arepas andinas, panquecas y chucherías, viendo comiquitas y riéndome de chistes que entendía, con mis amigos; Rosa se hizo novia de un chico de algún chico de años más avanzados.
            Al año siguiente fuimos cambiados de salón, viéndonos obligados a cambiar de grupos de estudio y comenzar a relacionarnos con otras personas, pero no para mal. No puedo decir que la amistad sigue latente como en aquella ocasión, pero son personas con las que me encuentro hoy día y tenemos recuerdos y momentos que compartimos, que nos unen de alguna manera. Por otro lado en el 3er año de bachillerato, fui cambiado de liceo, no supe casi nada más de ellos. No supe nada de Frank, ni de Rosa. Alguna vez la vi por allí y ya no me parecía tan bonita como antes.
            Si, hay que arriesgar, pero hay que saber cuándo hacerlo; hay que ser inteligente, estoy seguro que de haber escogido a Rosa, habría perdido más de lo que pude haber ganado; pues, si me sentía incómodo en el grupo de sus amigas, si nunca conseguía comentarios que hacer sin arriesgarme a parecer un “mentepollo” (cosa de lo que las chicas estaban seguras), no entendía sus bromas, ni me causaban gracia, nunca hubo feeling, feedback o conexión de ningún tipo, además de que ellas estaban pendientes de chicos mayores, así que no tendría oportunidad de tener nada con Rosa y de paso me iba a quedar sin mis amigos. Si, soñaba con tener a Rosa para mí, pero difícilmente podría ser posible eso y de serlo, de verdad, iba a ser una relación patética; dicen que los opuestos se atraen, pero nosotros no es que éramos opuestos, éramos diferentes y eso va mucho más allá.

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