“Sin lugar a dudas, tienen
razón los filósofos cuando nos dicen que nada es grande ni pequeño si no lo es
por comparación.”
Jonathan Switf
Para quienes no lo saben, yo estudio
educación en la especialidad de lengua y literatura en un pedagógico. En este
semestre que acaba de terminar vi una materia llamada Análisis literario, en la que se estudiaron diferentes aspectos de
la literatura y su relación tanto con la sociedad, la historia y el mundo en
general; la última actividad evaluativa consistió en realizar un análisis semántico
y crítico (en pareja) de una obra de literatura clásica, de libre escogencia de
una interesante lista que la profesora nos facilitó. La compañera con quién
hice la actividad fue quién escogió la obra, mencionada en el título de este
artículo, Los viajes de Gulliver de
Jonathan Swift; debo admitir que al principio no me sentí muy a gusto con lo de
realizar la actividad con esta obra, pues en la lista resaltaban títulos como: Las aventuras de Arthur Gordom Pym de
Edgar Allan Poe, El retrato de Dorian
Gray de Oscar Wilde, El extraño caso
del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de R. L. Stevenson, Ficciones de Jorge Luis Borges, La
metamorfosis de Franz Kafka, 20000
leguas de viaje submarino de Julio Verne, Fausto de Goethe, entre muchísimas otras, era una lista bastante
extensa e interesante, como para haberme fijado en una obra que es reconocida
por excelencia como un clásico de la literatura infantil.
Sin embargo, mi compañera logró
persuadirme de realizar el trabajo con dicha obra, bajo el pretexto de que ella
tiene ese cuento para su hija y que sería más fácil y rápido, y acepté, puesto
que ya tenía acumulada una serie de trabajos, tareas y asignaciones de otras
materias de la carrera, además también del hecho de que poseo la obra en su
versión completa. Luego de ciertos acuerdos y tramoyas entre mi compañera y yo,
dejamos el asunto en que, yo haría el análisis de la obra y ella me ayudaría
con algunos trabajos bastante engorrosos de otra materia.
Si bien no sentía mucho entusiasmo de
leer esta obra por (como dije anteriormente) ser reconocida como un clásico de
la literatura infantil, ahora me siento honrado y en extremo feliz de haber
tenido la oportunidad de disfrutarla, definitivamente la sociedad sufre cambios
terribles según pasa el tiempo; pensando que sería una obra infantil casi me
imaginaba una historia sencilla y fantástica al mejor estilo de Disney, pero
no, si bien esta obra fue considerada infantil en su época, no podría decirse
lo mismo hoy en día, pues, más allá del carácter fantasioso y extraordinario
que la rodea, posee un contexto y un trasfondo muy profundo, con una rotunda
crítica a la sociedad europea del siglo XVIII y en especial una agudísima
crítica al hombre como ser supuestamente racional.
Los siguientes viajes siguen poseyendo
una alta carga fantástica y extraordinaria, pero en comparación con los dos
primeros viajes se comienza a observar una severa crítica a diferentes aspectos
de la sociedad, como la ciencia, la monarquía, la nobleza, pero muy sobre todo
el ser humano. En el tercer viaje primero pasa un tiempo en Laputa, una isla
flotante habitada por personas que están muy adiestradas en las matemáticas y
la música, pero que sin embargo no usan para su beneficio en la vida cotidiana,
lo que los hace hasta cierto punto unos inútiles y aún así se creen una raza
superior por sus conocimientos en esas ciencias; en esta parte del viaje se le
atribuye a los Laputienses una (para aquel entonces) teoría sobre la
periodicidad de los cometas, que luego, trece años después de la muerte de
Jonathan Swift se comprobó la periodicidad del cometa Halley, confirmando de
esta forma algunas leyes de Newton. El viaje a la isla flotante es el que menos
me gustó de hecho, y del que más tenía expectativas, pero por suerte no fue la
única parte del tercer viaje, pero que sin embargo creo que gustaría mucho a
quienes son amantes de ciencias exactas como las matemáticas y la física.
Luego de una serie de travesías al bajar
de Laputa, viajar a otras tierras, etc., se establece durante unos días en la
casa del gobernador de un lugar llamado Glubbdubdrib, habitado por magos, donde
el mencionado gobernador es uno muy poderoso que tiene la capacidad de invocar
los espíritus de todos los muertos que desee; este conforma, de hecho, mi
pasaje favorito de toda la obra, pues, en honra de la visita de Gulliver a su
morada, le dice que le puede conceder el invocar a todos los espíritus que
desee y preguntarles lo que quiera, por consiguiente fueron invocados grandes
personajes de la historia como Sócrates, Platón, Aristóteles, Alejandro Magno,
Cesar, Bruto, Homero, Descartes, etc., juntándolos a unos con otros pidiendo
opiniones, interrogando, y un etcétera bastante extenso y muy interesante.
Luego de su estancia en esta tierra viaja a otras islas con la vivencia de
situaciones bastante peculiares e interesantes, como el conocer de la
existencia de los struldbrugg que son
personas inmortales.
El último viaje, y sin duda alguna el más
polémico de todos, es donde Jonathan Swift, más allá del personaje mismo de
Gulliver, hace gala de una misantropía que poco a poco fue desarrollando en su
vida, al conocer a los houynhmhms,
que son unos caballos dotados de razón y que pueden hablar.
Existen
ciertos aspectos bastante curiosos acerca de la obra en si; el hecho de que los
diálogos son prácticamente inexistentes en todo el texto, solo se hacen
referencias a lo que se dijo y en muy escasas ocasiones se hacen citas de lo
que algún personaje dijo. También que el nombre del protagonista, Gulliver,
solo aparece en el título de la obra, en más ninguna parte se menciona, quizá
será por el hecho de que toda esta está narrada en primera persona.
Hay libros que leemos en los que nos
sentimos conectados con la historia, otros en los que nos conectamos con los
personajes o inclusive con el autor, sin embargo, Los viajes de Gulliver de un modo muy singular logra llegar más
allá de todo eso, su forma de adentrarte en la historia logra que llegues a
creer que esos viajes no fueron del todo ficción, que hay algo de real en
ellos, aunque eso podría ser resultado de la alegoría al mundo real que suele
hacer, Swift definitivamente no quiso escribir una obra para entretenimiento,
escribió una obra para desahogarse por la poca austeridad de la vida conforme
se fue corrompiendo en aquella época, pero que sin duda alguna reflejaba su
forma de ver la vida e incluso como la quería vivir, terminando de hecho,
convertido en un ermitaño al igual que el personaje de su mayor obra, y es que
no caben dudas de que Gulliver no es solo un personaje creado por la
imaginación de Jonathan Swift, Gulliver es un alter-ego de Jonathan Swift, por
el cual realiza viajes no solo a lugares insólitos precedentes de la
imaginación, sino también viajes internos en las más interesantes reflexiones
filosóficas.
Una brillantísima obra, que por algo
habrá quedado para la posteridad como una de las obras clásicas de la
literatura, y que a pesar de haber sido escrita en el siglo XVIII, su narrativa
es sencilla y poco compleja, pero de trama bastante profunda a su vez,
altamente recomendada.
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